Relaciones afectivas en 2050: un escenario de futuro sobre la inteligencia artificial y los vínculos
Un curso de posgrado de diseño de futuros en la Universidad Nacional del Litoral, con el método Vision in Product Design: deconstruir el presente y construir un escenario para 2050, cuando la inteligencia artificial supere a la humana también en lo emocional. En dupla con Stefano Trevisan. El resultado fue un escenario, un concepto de producto, un tríptico y un póster que quedó seleccionado entre más de 200 participantes en IA@Litoral 2019, la primera muestra de inteligencia artificial del Litoral.

El método: deconstruir el presente para construir un futuro
Vision in Product Design (ViP) es un método de diseño de futuros. No parte de un problema ni de un producto: parte del contexto. Primero se deconstruye lo que existe en tres niveles, del producto a las interacciones y de ahí al contexto que las explica. Después se construye en el orden inverso: se elige un contexto futuro, se define qué relación queremos que la gente tenga con él, y recién al final aparece el producto que hace posible esa relación. El diseño es el catalizador de un contexto y el transformador de un escenario.


Deconstrucción: de Turing a la singularidad
La investigación arranca en 1950, cuando Turing pregunta si las máquinas pueden pensar, y sigue hito por hito: Dartmouth y el nombre «inteligencia artificial» en 1956, Deep Blue contra Kaspárov en 1997, Watson en 2011, el test de Turing superado en 2014, Tay y AlphaGo en 2016, Libratus en el póker en 2017. La línea termina en 2045, la fecha que la literatura pone para la singularidad: computadoras que razonan mejor que una persona. Alrededor, los datos que dan escala al escenario: más de 9.000 millones de habitantes para 2050 según la ONU y una inteligencia artificial que sumaría 15,7 billones de dólares a la economía global para 2030, entre productividad y demanda.

De ahí salieron las dos preguntas de diseño. ¿Cómo podríamos contener al ser en el mundo virtual en estado de ocio en 2050? ¿Cómo podríamos garantizar su integridad psicofísica y virtual durante ciberataques en 2050?
El mapa del contexto: temas y actores de 2050
Para construir el contexto futuro mapeamos doce temas de la convivencia con la inteligencia artificial, cada uno con sus factores: social, medio ambiente, muerte, trabajo, aprendizaje automático, ocio, espiritualidad, medicina, hogar, educación, fuerzas armadas y hackers. Y un mapa de actores en dos mundos que se superponen: el virtual y el real. En la intersección están el gobierno, las empresas, el dinero y la inteligencia artificial; a los costados, la persona digital y la persona, la familia como tribu digital o como tribu, los seres vivos. En el borde, los hackers.


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Worldview y statement
Con la llegada de la singularidad la inteligencia artificial supera a la humana también en lo emocional. Las personas necesitadas de compañía pueden quedar atrapadas en el mundo virtual creyendo que es más real de lo que es: se enamoran de personas virtuales o de robots porque no luchan contra la otredad, solo quieren un objeto que responda como necesitan. Es una sociedad que tiende al individualismo. Pero el ser humano nace social y se define en relación a otro, y una persona consciente va a seguir sabiendo la diferencia entre la fantasía y la realidad, apegándose a lo real.
De esa tensión salió el statement: queremos garantizar a las personas congruencia físico-virtual en sus relaciones afectivas. Y la interacción que lo define: participación afectiva que lleve a relacionarse en profundidad, como cuando dos bailarines danzan al unísono.
El producto: Empathy, «we link emotions»
Empathy es el concepto de producto que cierra el escenario. Busca que las personas se conecten por la participación afectiva y se vinculen desde las emociones. Trabaja con inteligencia artificial y enlaces neurales que perciben los neurotransmisores y las hormonas que impulsa una emoción y los replican en otra persona, siempre bajo consentimiento previo. Quien recibe puede experimentar esa emoción como si fuera el otro sin perder su propia sensibilidad, y el resultado son relaciones afectivas congruentes entre lo real y lo artificial.
Las cualidades que lo definen: originario, como las paredes sólidas de la arquitectura barroca que retoma la profundidad de los vínculos de antes; floreciente, para que algo bueno pase y se desarrolle; expedito, fluido y sin obstáculos; explorable, transferible y disfrutable.

Qué me llevé
Fue la primera vez que trabajé un escenario con un horizonte de treinta años y un método para sostenerlo: primero el contexto, después la relación que queremos y recién al final el producto. Siete años después trabajo con inteligencia artificial todos los días, y la pregunta de aquel póster sigue siendo la misma: qué lugar le dejamos a lo real.